Carla Villavicencio / Puerto Ventanas S.A.

“Particularmente, le tengo mucho cariño a la Escuela. Tuve una experiencia muy buena como estudiante y agradezco la oportunidad que me brindaron los académicos de ser ayudante de diversos ramos en siete oportunidades, en especial de la rama económica. Esto me permitió reforzar mis conocimientos en las materias y añadir una pincelada de la visión de la docencia, que recuerdo hoy con mucha alegría.

Por otra parte, la formación académica es exigente y muy completa, ya que los ramos de la carrera abarcan casi todas las áreas de la ingeniería, lo que permite que un Ingeniero de Transporte PUCV se pueda desempeñar en casi cualquier trabajo u organización del rubro.

Actualmente soy la encargada de Facturación de Ventas de la empresa Puerto Ventanas S.A., ubicada en Las Ventanas, Puchuncaví., además de pertenecer al área de Control de Gestión, ambos departamentos de la Gerencia de Administración y Finanzas”.

Juan Pablo Navarrete / Bilix Ingeniería

Juan Pablo Navarrete es actualmente CEO y Founder en Bilix Ingeniería, empresa que brinda soluciones informáticas principalmente al rubro marítimo portuario.

El ex alumno se tituló en 2014 y expresa respecto de su etapa como estudiante que, estudiar en la ITRA fue una buena experiencia por las personas que la componen y por su malla académica que brinda herramientas útiles para el mundo laboral. Se valora además la integración de profesores jóvenes a la Escuela, quienes aportan conocimientos actualizados a los alumnos, además manejan las operaciones y tecnologías actuales de mercado.

Por otra parte, Juan Pablo recomienda a las actuales y futuras generaciones de estudiantes ITRA, que hoy la Escuela de Ingeniería en Transporte es reconocida por la calidad de profesionales que forma. Por tanto, es responsabilidad de los nuevos estudiantes y titulados mantener el legado y prestigio que los profesionales desempeñan en este mercado.

Conoce la historia de Andrea Acuña, parte de la primera generación de nuestra escuela

Corrían los primeros años de la década de los 90 cuando Andrea Acuña ingresó a lo que hoy conocemos como Escuela de Ingeniería de Transportes, etapa que recuerda con aprecio, siendo parte de la primera generación de estudiantes y del centro de alumnos de la carrera.

Desde su experiencia, resalta la relación con los profesores, con quienes se tenía llegada directa basada en el respeto y la cooperación. “En algún momento sentí que estaban experimentando con nosotros, pero también lo entiendo como algo que forma parte del proceso formativo”, comenta.

Siendo parte de los primeros estudiantes de la escuela, fue testigo de uno de los principales hitos de crecimiento de la unidad académica, la remodelación en infraestructura. “Se nos pidió la opinión como centro de alumnos, lo que para nosotros demostró un compromiso con el estudiantado. Nos dejaron una especie de oficina y un espacio de estudio y reunión, donde habían mesas y sillas y podíamos compartir como compañeros”.

Con respecto a su vida como profesional, destaca su versatilidad como un sello personal, habiéndose desempeñado en distintas áreas del transporte. “La escuela no tenía especialidades específicas, por lo que tomé mi propia decisión y en un principio escogí el transporte urbano. Constituí una sociedad con otro compañero y comenzamos a trabajar en estudios de impacto vial”, dice.

“Luego nos tocó la crisis asiática, cerca del 2002, y el trabajo independiente comenzó a escasear. Por otro lado, yo tuve algunos problemas personales que me llevaron a buscar un trabajo más estable y me distancié de mi socio, pero la empresa aún él la tiene funcionando él”, indica.

Tras su primera experiencia profesional, llegó la oportunidad de ingresar a trabajar al Fondo de Solidaridad e Inversión Social (FOSIS) de Valparaíso. Allí se desempeñó como supervisora de proyectos productivos. Fue esta experiencia la que la acercó al mundo del emprendimiento y los proyectos personales. “Como tenía el ‘bichito’ de la innovación y los inventos, desarrollé una patente que está registrada en el INAPI”.

Durante los últimos años se ha dedicado a la consultoría de proyectos, trabajando como coordinadora de un proyecto relacionado a la Teletón. “Durante 6 meses, se trabajó con 25 jóvenes discapacitados usuarios de la Teletón, buscando insertarlos laboralmente, tratando de generar en ellos habilidades blandas de comunicaciones, asertividad, resolución de conflictos y ese tipo de cosas”.

Paulo Cantillano

Mi experiencia en la Escuela de Ingeniería de Transporte de la PUCV fue muy buena durante todos los años que estuve ahí. Siempre me sentí apoyado por los docentes de la institución y eso se agradece. Creo que los egresados de la Escuela somos bien valorados en el campo de la ingeniería de transporte, debido a que tenemos una excelente formación, la que debería potenciarse cada vez más. Actualmente, vivo en Roma, ya que estoy cursando una maestría en esta ciudad.

Joanna Bastías

Pasar por la Escuela fue una buena experiencia. Creo que fuimos afortunados, porque éramos pocos alumnos en un espacio pequeño, lo que hizo que estrecháramos los lazos sociales y nos ayudáramos en el ámbito académico. El sello que entrega la Escuela de Ingeniería de Transporte de la PUCV es formar profesionales únicos, porque se enseña la carrera con una mirada muy amplia, lo que nos da la posibilidad de explorar muchas áreas. Además, nos entregaron valores de liderazgo y compromiso social. Actualmente, trabajo en la Municipalidad de Valparaíso, llevo años especializada en el área de tránsito y con esa experiencia llegué al municipio a ocuparme del área de ingeniería de tránsito.