JEAN PIERRE UGARTE

Nací en Valparaíso, y crecer en esta ciudad me hizo siempre querer estudiar acá. Dentro de las posibilidades académicas que me entregaba la región, por lejos la PUCV era la que me ofrecía una mejor oferta académica y en particular la carrera de Ingeniería de Transporte era la mejor opción, tanto para mi desarrollo profesional, como para mi formación como una persona comprometida con el desarrollo de mi entorno.

La Escuela de Ingeniería de Transporte es un espacio que trasciende y supera a lo meramente académico. Una experiencia enriquecedora alimentada tanto por profesores, como por compañeros y funcionarios que, en conjunto, forman parte de la comunidad universitaria de la PUCV. Profesores que pavimentaron el camino a la excelencia, compañeros que sin envidia y con un genuino espíritu de solidaridad fueron parte importante en mis logros personales; y con funcionarios dispuestos a tender una mano a alumnos y hacerlos sentir parte de una gran familia.

Claramente, el sello que entrega la Escuela de Ingeniería de Transporte de la PUCV es de calidad. Actualmente,  me desempeño como Ingeniero de Proyectos en AMYT (Asesorías de Movilidad y Transporte), trabajando en proyectos mineros, portuarios y, también, en estudios de impacto vial y ambiental. Más allá del conocimiento puro y duro que las diferentes asignaturas me entregaron a lo largo de la carrera, para mí, la Escuela me entregó dos aprendizajes distintivos y muy particulares que marcan la diferencia, y que han sido mi sello personal en mi actual trabajo. En primer lugar la pasión y profesionalismo para enfrentar cualquier tarea que se me encomiende, intentando cada vez acercarme más a la excelencia. Y por otro lado, la visión integral del transporte que sumado a un profundo espíritu democrático nos ayuda, desde nuestros puestos de trabajo, a ser profesionales correctos ante un país y un mundo donde día a día no es difícil encontrar casos de malas prácticas.

JEAN PIERRE UGARTE

Zaida Muñoz Aravena

Desde mi niñez, vi como mi familia desarrolló negocios ligados a empresas de transporte de carga por carretera, por lo que siempre llamó mi atención el área operativa de este tipo de actividades. El ver a mi padre desde siempre en este trabajo, se convirtió en mi mayor motivación para ingresar a la carrera de Ingeniería de Transportes en la PUCV.

Personal y profesionalmente, creo que el valor de ingresar a una institución como la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, radica en que nos otorga crédito al momento de embarcarnos en nuevos desafíos y, además, nos permite enfrentarnos desde una mejor posición social, cultural, profesional y personal frente a nuestros pares, ya que nos entrega conocimientos de distintas realidades y puntos de vista que podemos utilizar en cualquier contexto, debate o situación.

En la Escuela de Ingeniería de Transportes compartí grandes momentos de risa, esfuerzo, unión, capacidad y tenacidad con otras personas. Sin duda, lo más rescatable de esos 5 años son los compañeros de universidad que uno hace parte de su familia y se convierten en colegas para la toda la vida.

Por otra parte, siento que la carrera ha construido por años un camino que se ha vuelto cada vez más sólido y que ha sido avalado por las empresas en todas las áreas de interés en las que los egresados hemos logrado desempeñarnos.

En la Escuela, recibimos aprendizajes que nos sirven para enfrentar distintos temas referentes a modos de transporte, economía, logística, cadena de suministros, nociones de informática, estadísticas y la base de una buena ingeniería. Esto es lo que nos distingue de los demás al momento de llegar a un lugar nuevo y aplicar a un trabajo. Por ejemplo, mi práctica profesional la hice en una naviera en Ecuador y mi preparación fue valorada, porque poseer estas herramientas es clave, tanto en Chile, como en el extranjero.

Actualmente, y porque nuestra carrera se asocia inevitablemente a la conectividad y el comercio internacional, más en mi caso, debido a que me interesa la logística marítima, me encuentro estudiando inglés en Nueva York, ciudad donde viviré por siete meses para prepararme para exámenes internacionales de idioma. Hoy siento que puedo combinar mi vocación por la conexión y toma de decisiones en pro de contribuir a una mejor sociedad, cultura y, por sobretodo, el desarrollo humanitario en una red profesional.

Zaida Muñoz Aravena